Rutas Simbólicas por la Historia y la Geografía de España

Rutas Simbólicas por la Historia y la Geografía de España

PRESENTACIÓN

Rutas Simbólicas. Viajes por la Historia y la Geografía, nace como un proyecto largamente madurado y al calor de las conversaciones que al respecto hemos mantenido durante los últimos años con Federico González Frías, nuestro guía intelectual; y nace justamente con la voluntad de dar a conocer también una visión de la realidad histórica de España insertada dentro de la Historia Universal, y... (sigue lectura en nuestra PRESENTACIÓN)


viernes, 19 de junio de 2020

"Dioses Tutelares" de Andalucía


A mi hija Adara Mª

La Diosa Fortuna 

La intensa luz de los atardeceres andaluces llena el espacio de la tierra circundante, proyectando la mirada hacia lejanos horizontes en los que se intuyen tiempos pretéritos que te permiten comprender que la Antigüedad es la Patria que nos han robado a cambio del simulacro que representa este mundo a la deriva. La Antigüedad es un espacio vivo de nuestra alma, libre de cualquier mácula por la destilación alquímica del Tiempo (uno de los dioses que lo habitan), espejo diáfano de la verdad donde la única memoria es la del Ser recordándose perennemente a Sí Mismo. 

El Origen es lo más actual, te respondes a ti mismo mientras contemplas desde el puente romano de Córdoba los reflejos tornasolados que esa misma luz proyecta en el río que ha dado nombre a la tierra andaluza durante miles de años, así se llamara Tharsis Baetis (Tartesos y la Bética), hasta que los emires orientales lo llamaron definitivamente el "Río Grande", Guadalquivir. Si Herodoto, el "padre de la Historia", lo hubiera conocido habría dicho de él lo mismo que dijo del Nilo cuando visitó Egipto en sus numerosos viajes: que "es un don del Cielo".

















El Guadalquivir es silencioso y fluido, como las sierpes y el tiempo, con quienes todos los ríos están asociados; es fecundo y constante, como los toros de Gerión, cuyos hijos abrevan todavía hoy en sus aguas, formadoras de numerosos meandros y tupidos cañaverales. No debe extrañarnos que los patricios romanos que gobernaron Córdoba durante más de 600 años vieran bañarse en sus aguas a Aqueloo, el dios fluvial con cabeza de toro y cuerpo de serpiente cuyo nombre significa “el que ahuyenta los pesares”. “Príncipe de los ríos” lo llamó Pausanias en su Descripción de Grecia

Es tal la potencia genésica de Aqueloo, que el cuerno que Hércules le arrancó de su frente luchando ambos por la mano de Deyanira acabaría convirtiéndose en el cuerno de la abundancia, la cornucopia, el atributo de Fortuna, la diosa tutelar de Córdoba y de Andalucía entera. La Fortuna es hermana de la Concordia [1], a la que también se representa con la cornucopia y el caduceo de Mercurio. Teniendo en cuenta todos estos elementos simbólicos y míticos heredados de una cultura que reconoces como propia te preguntas ¿es casualidad que Deyanira fuese la hija de Eneo, ese rey de Calidón que recibió de Dionisos la primera cepa de vid y de cuyo nombre procede oinos, el vino, bebida que en muchas tradiciones simboliza el Conocimiento? 

El poeta, astrónomo y matemático persa Omar Khayyam supo entender esa relación entre el Conocimiento y el vino cuando dejó escritas las siguientes palabras, las que hay que leer en clave simbólica:

“¡Todos los reinos de la tierra por un vaso de vino! ¡Toda la ciencia de los hombres por la suave fragancia del mosto fermentado! ¡Todas las canciones de amor por el grato murmullo del vino que llena nuestras copas!”[2].

Ese vino es la sangre que vivifica el "cuerpo sutil". La Gnosis ciertamente embriaga, como embriaga la contemplación extática de la Belleza, puerta que abre al prodigio de los Mundos Superiores. Más allá de los círculos errantes de la Necesidad se encuentra el Cielo de las Estrellas "Fijas", antesala de los palacios construidos en el éter inasequible donde ejercen su reinado la Inteligencia y la Sabiduría.

Junto al Guadalquivir, Dionisos y su cortejo de bacantes y sátiros se entregan al frenesí de la danza y el canto acompañados de la lira de Apolo y la flauta de Orfeo. La armonía es el contrapunto necesario al arrebato y el exceso, y ambos se conjugan en un espíritu que determina el Arte intangible y la secreta identidad de una tierra que es como el cuerpo tangible de la Diosa Madre. Una tierra abundante y feraz, iluminada por un Sol siempre presente, aunque se sumerja cada día en la noche estrellada y profunda, semejante a ese mar océano que se abre al viajero al dejar atrás las dos columnas de Hércules, una en Hispania y otra en África. La posibilidad real de ir “más allá” de una geografía conocida y adentrarse en tierras incógnitas, ínsulas y mares simultáneos. En la costa onubense y gaditana América ya se presentía desde muy antiguo, como la antesala a inexplorados continentes, contenidos en nuestra alma inabarcable. 

Cada tierra tiene su propio sol, como tiene su propio cielo, y el sol de Andalucía se oculta cada noche en las entrañas de su Historia para fecundar nuevas utopías. Andalucía, Hispania, en este confín de la tierra occidental donde han desembocado todos los pueblos de Eurasia y el Oriente, en este límite con lo ilimitado del mar infinito, los antiguos héroes, aventureros y poetas griegos encontraron una de las entradas al Hades, el que hay que atravesar para dejar atrás todas nuestras sombras y densidades antes de arribar al país de los Antepasados, así este lleve el nombre de “Islas Afortunadas”, “Jardín de las Hespérides” o “Isla de los Bienaventurados”. 

Un fino hilo de oro une los acontecimientos míticos a la geografía de los lugares cuyos “genios del lugar” (genius loci) retienen la esencia de lo acontecido. Su presencia invisible pero real garantiza esa perennidad de la memoria de los orígenes, pues convive con la presencia no menos sutil del influjo de las estrellas y el poder que estas ejercen sobre el destino de los hombres.

Hay países, comarcas, regiones o ciudades, cuyo “genio del lugar” es muy poderoso e irreductible al paso del tiempo en la medida en que ese paso signifique olvido; pero hay otro tiempo dentro del tiempo, un tiempo interior, nuestro propio tiempo, el que los dioses nos han otorgado al nacer, y que siempre vuelve tras beber del río de la Memoria. Esos lugares geográficos se convierten en espacios donde la presencia de lo sagrado se manifiesta con más intensidad que en otros. En esos lugares, las energías ctónicas, telúricas, intermediarias y celestes se fusionan en un equilibrio fruto de la armonía entre los opuestos.

Esa Armonía, que es una diosa celeste, perdura secretamente cuando las civilizaciones que la hicieron posible se retiran, si bien nunca desaparecen del todo pues han dejado la huella de su presencia en lo intangible de su arte, como una prolongación cristalizada de su ser y de su identidad metafísica. Esa huella puede estar visible, o enterrada bajo tierra, pero está ahí, silenciosa y tenaz, como esas raíces que conservan todavía un hálito de vida alimentado por los fluidos interiores del planeta, del ángel del planeta, y que rompen de tanto en tanto la dura corteza para emerger nuevamente a la luz del día, resucitando de la muerte, o del olvido, como la memoria de los dioses y de los hombres. Francisco Ariza

https://www.franciscoariza.com/
https://www.bibliotecahermetica.com/


Notas
[1] En la palabra Córdoba ya esté presente la idea de la concordia a través de su primera sílaba, “cor”, corazón. Los romanos, muy sutilmente, transformaron en "Corduba" su nombre púnico-cartaginés “Kurt Juba” (la “Ciudad de Juba”). Etimológicamente es muy posible que “Kurt” (ciudad) y “Cor” (corazón) sean idénticas (al menos fonéticamente es así), lo cual nos lleva a la idea de la ciudad como un centro espiritual, o cultural, que es precisamente lo que fue Córdoba en dos momentos concretos y florecientes de su historia, que se entrevera con la de Andalucía, España y Occidente: cuando fue capital de la Bética romana y capital del Califato de Al-Andalus. Recordaremos que Juba era uno de los generales cartagineses de Amílcar Barca (que significa “Hermano de Melkart”, el Hércules fenicio), padre de Aníbal y del cual se dice fue el fundador de Barcino (Barcelona), Qart Hadasht (Cartagena) y Akra Leuké (Alicante).
[2] Rubaiyat, verso 41.



Áureo imperial. La diosa Concordia , o Armonía, 
con la cornucopia y el caduceo hermético


 Heracles-Hércules luchando con Aqueloo. A la izquierda el rey Eneo (Oinos) 
y a la derecha Deyanira


Racimo de uvas y espigas de trigo en una moneda  ibero-romano de Acinipo, 
actual Ronda (Málaga)


Apolo y la lira en una moneda ibero-romana de Carbula 
(Almodóvar del Río, Córdoba)





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