El 5 de Agosto pasado, y con ocasión de
la festividad de la Virgen de África, publiqué
unas líneas sobre Ceuta y el contexto mítico en que surgió. Recordábamos también
que el origen histórico de Ceuta se debe a los Fenicios, como sucedió con otras
ciudades del sur de la Península Ibérica, si bien es con Roma cuando Ceuta acabaría de conformarse como un emporio comercial de relevancia debido a su situación
estratégica en el Estrecho de Gibraltar, entre el Atlántico y el Mediterráneo,
o sea entre esos “dos mundos” que, en ese entorno geográfico, serán solo uno
culturalmente hablando durante el tiempo regido por Roma.
Asimismo, señalamos que el nombre de Ceuta deriva de
Septem, Siete, en alusión a los siete
montes que originalmente formaban el relieve geográfico de la ciudad, cuyo
nombre completo era Septem Frates,
los “Siete Hermanos”. No se nos escapa que la palabra Frater, de donde deriva ”Fraternidad”, constituye uno de los signos
de identidad de Ceuta desde antiguo, pues en ella conviven cuatro culturas, la cristiana, musulmana, judía e hindú.
Es evidente que esa convivencia intercultural,
sostenida por un Estado de Derecho, no existiría de llevarse a cabo
la pretendida anexión de Ceuta por Marruecos, que lleva años reivindicándola bajo
el pretexto de que es una “colonia” española que les fue arrebatada, lo cual
desafía la realidad histórica. Ceuta es española desde hace cinco siglos, y Marruecos,
como nación, tiene tan solo setenta años. Además, la voluntad mayoritaria de
los ceutíes es seguir conviviendo unidos en su pertenencia a España, y por tanto a Europa.
En este sentido, nos llama la atención
que los acontecimientos que están ocurriendo en Ceuta desde el 30-31 de Julio
pasado, tengan como uno de sus objetivos acabar con esa voluntad unitaria que ahorma la sociedad ceutí, o sea aniquilar precisamente esas señas de
identidad centenaria al imponerse por la fuerza
de los hechos una de esas culturas sobre las otras. Esto, sin duda, tendría un
alcance que rebasaría los límites de Ceuta, repercutiendo directamente en el conjunto
de España. Incluso la “onda expansiva” llegaría hasta la Unión
Europea, con alcance incluso a América Latina por los lazos culturales e
históricos que unen a esta con España.
Es bastante probable que la anexión de
una ciudad española y europea como Ceuta, se entendería en el ”imaginario
colectivo” marroquí como una “victoria” que, convenientemente manipulada,
inflamaría los ánimos de personas originarias de Marruecos (o simplemente de confesión
musulmana) que viven afincadas en el resto de España y de los países europeos,
con las consecuencias que esto tendría para la propia estabilidad del conjunto
de Europa, que también perdería sus señas de identidad originarias ante el
surgimiento de corrientes y movimientos que naciendo al albur de aquella hipotética
anexión, propugnarían abiertamente una “islamización” en una parte significativa
de su territorio. Evidentemente, no todas las personas marroquís o de confesión
musulmana se dejarían manipular ni estarían de acuerdo con ese “proceso”, pero
la división y el caos entre todos los que vivimos en Europa estarían servidos
de todas maneras.
Estos pensamientos me asaltaban estos
días hasta que vimos la reacción que la gran mayoría de los habitantes de Ceuta
tuvieron tras el asalto multitudinario de la frontera hispano-marroquí. Comprobamos
que los ceutíes se resisten a perder su ciudad, mucho más antigua que los 500
años de pertenencia a España. El legado de las civilizaciones que desde antiguo
han fundado Occidente se da cita también en Ceuta. Esto no es baladí. Si se nos
permite la expresión, la herencia de esas civilizaciones ha urdido un “cuerpo
sutil” que nutre secretamente el alma de los habitantes de Ceuta. De ahí la
convicción firme con que muchos de ellos manifiestan estos días su hispanidad y
su vínculo con Europa.
Esa convicción es tan firme como las dos
columnas de Hércules plantadas a uno y otro lado del Estrecho de Gibraltar, una
de las cuales está en Ceuta, el monte Hacho, llamado antiguamente Abyla. La
otra es el Peñón de Gibraltar, que sí es una “colonia”, pues fue arrebatada a
España por los ingleses en la famosa batalla de Trafalgar en el siglo XVIII,
cuando España ya era entonces una nación desde hacía más de dos siglos. Dichas columnas delimitan
geográficamente dos mundos y espacios culturales: Oriente y Occidente. Los
ceutíes apostaron desde antiguo por la concordia entre ambos.
Mencionaba la reacción de los ceutíes
ante la invasión, y no es que hayan desaparecido los temores y la
incertidumbre ante un hecho tan grave por las consecuencias que se pueden
derivar de él en un futuro inmediato. Pero recordé lo que en circunstancias
parecidas señaló el historiador Arnold Toynbee cuando explicaba la
reacción o “estímulo de los golpes subitáneos" (súbitos) de los pueblos que se sienten invadidos, o vencidos, preguntándose a continuación:
“¿Permanecen ordinariamente tendidos,
como Sisera [comandante del ejército cananeo], donde
han caído, o se levantan otra vez de la tierra madre, como el gigante Anteo de
la mitología griega, con sus fuerzas redobladas? Los ejemplos históricos
indican que la última alternativa es la normal.”
Pensamos que el “golpe súbito” de la
invasión de Ceuta ha provocado ya ese “estímulo” entre sus habitantes, que ante
la evidencia de los efectos disgregadores y disolventes que dicha invasión
tendrían sobre su ciudad y sobre ellos mismos, se han levantado de la “tierra
madre” como el gigante Anteo, llevándoles a reforzar su unidad y su fraternidad
intrínsecas.
¿Repercutirá esto en el resto de España,
adormecida como está precisamente por la falta de estímulos que no sean los de continuar
hamacándose en un dolce far niente paralizante?
¿Entendemos realmente los peninsulares lo que está ocurriendo y jugándose en
esta partida de ajedrez geopolítica, enmarcada, no hay que olvidarlo, dentro de
un contexto histórico que, en lo que respecta a España, puede favorecer, o bien
su regeneración, o por el contrario su destrucción definitiva como nación
articulada?[1]
Y de aquí la pregunta final: esa
invasión, ¿será para el resto de España un estímulo efectivo para “reconquistar”
nuevamente lo que está a punto de perderse, a saber: la idea de la concordia
que hace medio siglo hizo posible la “transición” política, y por tanto la regeneración
del país tras la dictadura? Las próximas semanas y meses nos darán la
respuesta.
En cualquier caso, la convivencia y la convicción firme que han demostrado los habitantes de
Ceuta en su defensa de ciertos principios y valores intangibles, y que dan
sentido a su ser y su lugar en el mundo es, sin duda, un modelo a tener muy en
cuenta.
[1] A propósito de
la geopolítica, sería interesante investigar la importancia que de pronto han
adquirido los “estrechos marítimos” (como el de Gibraltar) en ciertos lugares del planeta, directamente relacionados también con la estabilidad socio-económica del mismo.

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